Ya solo el concepto de que te «abran expediente» me parece infame. A mí solo me amenazaban con eso cuando se me calentaba la boca demasiado durante mis tiempos de representación estudiantil; también es cierto que por un calentón de boca me veo donde me veo. Supongo que es mi sino.
Llegué al Registro Civil acompañada del susodicho y, puntual como un reloj suizo, aparecía su prima al poco rato para ejercer de testigo hoy; lo será también el Día de la Condena (a. k. a. «boda»). Con solo pasar el arco de seguridad, vislumbré al fondo a mi Némesis Burocrática; se trata de la funcionaria que, el día que pedimos la cita para hacer lo que hemos hecho hoy, casi pierde los dientes por tratar de liarme mandándome de cola en cola mientras negociaba con una compañera qué bombones iba a comprarle para ayudarla a financiar el viaje de fin de curso de su cachorro humano. Yo, que no tengo precisamente la entrepierna para farolillos, no aguanté semejante falta de respeto hacia mí y hacia todas las abnegadas personas que hacían cola detrás, por lo que me encaré con ella y casi salgo esposada ese mismo día, aunque en un sentido bien distinto al que nos ocupa en primera instancia. Por eso, he mandado al susodicho, cuya diplomacia es su seña de identidad, a que tratase con la compradora de bombones mientras yo me quedaba discretamente en un segundo plano (o lo que es lo mismo, fuera de su vista).
Es el turno ahora del papeleo. Ha sido rápido, casi aséptico. Una colonoscopia da pie a más acercamiento interpersonal, lo juro. Declaramos que no tenemos ningún impedimento legal (sobre mi falta de ganas no han preguntado, menos mal), la prima/testigo ha certificado lo mismo y hala, a correr. Tres cuartos de hora con las esperas incluidas y el expediente ya era un hecho. En 10 días aproximadamente, podremos llevarlo a Torremolinos y entonces, solo entonces, sabremos si pasaré por el aro el día que hemos escogido; ya que lo hacemos y, al menos en mi caso, teniendo en cuenta que en vez de mariposas de colores tengo polillas, qué menos que hacerlo en una fecha que dé algo de juego.
El engranaje ya está en marcha. Me caso y no me va a quedar otra, aunque aún no sé ni cómo ni cuándo.
Seguiremos informando.
Cuando vuelvas, me compras una caja de bombones. Gracias.